Estado

Malvada: la calle de Amberes

Por Mauricio Olvera

Eres toda una diva…  con ese trayecto adoquinado y los árboles que usas como gafas, para protegerte de los rayos del sol. Seduces con aspecto inocente pero eres lujuriosa, de los pies a la cabeza.

Te haces llamar la gay street de la ciudad de México, para enfatizar tu origen europeo entre tanto chilango. Pero tú y yo sabemos que en realidad, el maquillaje arcoíris te subió de nivel en los últimos años. Antes de ese colorido no eras más que el despojo de un espacio urbano, característico de la burocracia porfiriana.

Fuiste una de las tantas calles de la Zona Rosa por donde paseaban los artistas, intelectuales, hippies y libre pensadores de la década de los sesenta, que más tarde te abandonaron cuando se inició la construcción de nuevas zonas exclusivas como Santa Fe, la Condesa y Polanco.

Entonces cuando te encontrabas desahuciada, entre la obscuridad, el olvido ciudadano y tus matices de chica mala, tomasté el último aliento que aún te quedaba y le hablaste bonito a los hombres gay, quienes acudieron a ofrecerte nueva vida. No sólo eso, llegaron para apropiarse de la Zona Rosa, ese lugar en el que se puede ser, sin tabúes. Claro que tú sigues como la reina. Eres la calle gay, no hay comparación.

Al caer la noche te iluminas con las luces rosa neón de los bares y enfatizas tu apetito sexual, a través de las vitrinas que exhiben tus juguetes más sofisticados: anillos, vibradores, masturbadores, lubricantes, condones, ropa interior y ¡El famoso Duke!

Atraes a los hombres que se aparejan con sus jóvenes presas, los amigos, los que buscan ligar y las parejas consolidadas. Hay a quienes les susurras que “no vendría mal jugar al dominante-sumiso,” con tus látigos.

Te derrites en emoción por los varones que fajan en ese rincón sin iluminación que pertenece a tus primas Estrasburgo y Belgrado, porque sabes que esos hombres terminaran por coger en algún lugar, a causa de ese cachondeo que nació del contacto contigo y las tuyas.

La misma Amberes castiga con el yugo de su elitismo, al dejar fuera a los hombres que aunque gays, a su parecer no cubren los estándares de apariencia física y nivel económico, para pagar a esta perra coqueta.

En ocasiones se muestra ligeramente benevolente, al permitir cierta actividad voyerista, como la que practican algunos hombres de la tercera edad. No ingresan a los bares, pero se conforman con ver a través de los cristales, mientras se tocan la entrepierna, a la espera -sí es que corren con suerte- de que algún jovencito salga a jugar con el grandpa.

Han pasado un par de años, desde que escuché hablar por primera vez de la Zona Rosa. Es menos tiempo el transcurrido sabiéndote a ti mi delicada Amberes, como nuestra gay street.

Cuando adolescente me convencí de que algún día tendría que experimentarte en carne propia, porque aunque no soy el típico chico de los bares, muy en el fondo quería sentir tu esencia “rosa,” drinks y hedonismo homoerótico.

No puedo dejar de sentirme atraído por ti, que en cada visita esporádica que te hago, te encargas de recordarme que no te frecuento tanto como los otros. Así que me torturas y sueltas a una que otra perra alfa. 

Eres tierna, inocente y cruel. Nunca me perdonaras no ser un completo parroquiano tuyo. En cada visita, estoy a tu merced.

Me ofreces varones dulces, rudos y tiernos pero me los arrebatas en un segundo. Aun así te respeto y te aprecio, porque como tú ninguna.

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Terrenal y celestial

Por Mauricio Olvera

Hay un museo en la ciudad de México, en donde después de comprar el boleto y cruzar hacía las salas de exposición ubicadas en la planta baja, una mitad del cuerpo de San Francisco de Asís, sobre una alcancía, ofrece la bienvenida a quienes acudimos, por medio de una invitación a deshacernos de lo material; despojarnos de aquello que no es necesario para vivir. La idea es ir más ligeros. La gente puede o no creer, pero la propuesta artística que el británico Michael Landy hace con su exposición Santos Vivientes, es una interesante reflexión sobre lo terrenal y lo celestial.

CYMERA_20150220_140558_002La muestra forma parte de las actividades por el año dual México-Reino Unido 2015. Todas y cada una de las piezas fueron inspiradas por pinturas de la National Gallery de Londres, en donde por más de tres años, Michael Landy trabajó para producir las obras, que se exhiben en el Antiguo Colegio de San Ildefonso.

Lo atractivo de la primera pieza con la que comienza el recorrido es que al aceptar la interacción con ella, se realiza un breve ritual, en donde se deposita una moneda en la alcancía sobre la que descansa parte del cuerpo de San Francisco de Asís. Después, lo que anuncia el título de la exposición se materializa, cuando el santo cobra vida. Como espectador puedo decir que es fascinante, porque se rompe la clásica idea museística acerca de no tocar y sólo mirar. Aquí se observa, se toca y hay respuesta por parte de la obra en cuestión.

20150220_112600_002Durante el recorrido sólo se encuentra una sala en donde se exponen diferentes cuadros, que muestran los bocetos de los Santos Vivientes. Este es el único punto de la exposición como referencia al estilo de la National Gallery de Londres, es decir, elementos únicamente expuestos, para ser admirados como preámbulo a la cabeza de un San Esteban, que será golpeado con piedras por cada uno de los espectadores que por ahí pasan. Santa Apolonía permanece inmóvil, hasta que alguien activa el mecanismo que le da vida y así, poco a poco las interacciones entre el público y las obras aumentan conforme recorren las salas.

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De alguna manera aún desde la re-interpretación que Michael Landy hace con los Santos vivientes, es imposible no atribuirles ese simbolismo de lo sagrado, por lo que a mi parecer la muestra puede ser dolorosa para las piezas, debido a que de manera repetitiva son activados los mecanismos a través de los cuales, esos hombres y mujeres, en algún momento de la historia fueron sometidos al dolor terrenal. Pero también está la parte del cuestionamiento, porque sí un santo, que representa un ser intermediario entre el hombre y lo divino, puede ser destructible ¿qué cosa podría no serlo?

La exposición Santos Vivientes, de Michael Landy, se exhibe hasta el 08 de marzo, de 2015, en el Antiguo Colegio de San Ildefonso. Justo Sierra 16, Centro Histórico, en la Ciudad de México.
Galería

Backstage, the man who flirts with the stage

By Mauricio Olvera

When I have the first contact with someone who I intend to photograph, there is always a serie of questions about how am I going to use the images? Why do I want to photograph him or her? Or what is my final objective? At the end, after a chat and familiarize yourself with the camera, resource persons shy from and even propose ways in which they would like appear.

The images that I show below, portray a professional dancer behaind the scenes. It was such a funny photographic session, with a multi-faceted human being. He  is a man who combines professionalism, charisma and sensuality.

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